viernes, 8 de enero de 2016

Indiferencia - Saurio, Adelaida Pichardo Querales & Soledad Cruella


Jamás encontraron mi cadáver. Tal vez porque jamás lo buscaron. Es que yo no le importaba a nadie cuando estaba viva y seguí sin importarle a nadie cuando estuve muerta. No, no sientan piedad por mí. La indiferencia es lo más normal del mundo. Que alguien le importe a otras personas es algo bastante raro. Un poco más común, aunque también poco frecuente, es que te odien. Lo habitual es que el resto de la humanidad nos resulte absolutamente indiferente.
Como podrán suponer, tampoco me ocupaba sino de mí misma. Era muy atenta conmigo: me preparaba manjares delicados, ricos postres, generosas comidas. Admitía solo aquello que consideraba mejor: servidumbre, alojamiento, médicos y medicinas. Me rodeaba de objetos y personas que satisficieran mis exigentes gustos, bien para su contemplación o para su utilización. Fui justa y respetuosa con quienes tuve bajo mi mando, pero nunca afectuosa o solícita.
Por eso no entendí cuando Lisandro un vecino, tocó el timbre de casa y al abrir, me clavó un cuchillo de esos, un Tramontina. Luego escuché algo acerca de por qué le había matado al gato, creo. Soy tan respetuosa siempre, que pretendí que los demás lo fueran incluso con sus mascotas. Y el felino que no dejaba de maullar lascivamente ¡y en mi ventana! Unos bocaditos de hígado con algo de veneno y sanseacabó. Jamás encontraron mi cadáver, fue enterrado con el mishu.

Acerca de los autores:
Saurio

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