sábado, 19 de diciembre de 2015

Bajo el sol - Laura Olivera, Ricardo Bernal & Begoña Borgoña


Se despertó con la horrible sensación de masticar arena. Estuvo un rato escupiendo, se sentó como un indio y lentamente paseó la vista por el horizonte, que era igual en todas direcciones. ¿Cómo había llegado al medio de aquel desierto? Desde un cielo diáfano, inmaculado, el sol parecía muy cerca, como si estuviera allí solo para achicharrarle la cabeza, los brazos, las piernas. Atinó a resguardarse, desesperadamente buscó algo con qué cubrirse y solo entonces advirtió que estaba completamente desnuda. Descubrió que las huellas de varias especies se perdían en el horizonte hacia ocho direcciones distintas en una geometría perfecta; ninguna pisada era humana y dos de ellas eran indudablemente de camellos o dromedarios. Cerró los ojos, su último recuerdo era el enorme ojo luminoso y las cuerdas fuertemente apretadas en sus muñecas y tobillos. Intentó levantarse, pero el dolor insoportable de las articulaciones la hizo caer de bruces y golpearse con algo duro enterrado en la arena. Comenzó a cavar, buscando, no sabía por qué, un bebé recién nacido; recordaba vagamente haberlo sostenido entre sus brazos. Escarbó hasta que la sangre brotó por debajo de sus uñas. Cuando al fin terminó, exhausta, vio ante sí un pequeño esqueleto que parecía humano. Su memoria lanzaba fragmentos de una ceremonia extraña, pero no alcanzó a comprender lo sucedido. El pelo que cubría su cuerpo la hacía sudar copiosamente. Se incorporó con dificultad para alejarse apoyada en sus cuatro extremidades, erguida apenas.

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1 comentario:

  1. Extraordinario manejo del tiempo y el tema de la metamorfosis genial

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