miércoles, 25 de noviembre de 2015

Tortuga – Diego Alejandro Majluff, Mariángeles Abelli Bonardi & Félix Díaz



Cuando empezó el otoño, las hormigas invadieron el patio e hicieron caminos alrededor de los canteros. Después devoraron la higuera y la rosa (ese fue el proceso más triste porque destruyeron la belleza del jardín). Y como si fuera poco, en invierno, entre todas las hormigas me sacaron dormida del caparazón y me dejaron desnuda bajo la clavelina china. Pero no soy la única despojada de vivienda. Los caracoles han sido obligados a desprenderse de su hogar y los bichos canastos amanecieron destejidos. Nos hemos pasado el día deambulando por el patio, buscando desesperadamente con qué cubrir los pudores. Los caracoles se las han podido arreglar con las tapas de gaseosa que encontraron tiradas, y los bichos canastos recurrieron a las arañas y su consumada habilidad tejedora. Yo, en cambio, no he sido tan afortunada. Los gajos de la pelota de fútbol que los chicos reventaron a patadas apenas me cubren, y de noche hace mucho frío. No he tenido más remedio que entrar en la casa. Los humanos se han ido, creo que al cine. He hallado una caja de cartón, cuyo interior sabe a leche, pero es muy débil. Tras seguir buscando, creo haber encontrado lo que necesito. Es una cajita muy mona, con cosas dentro que he tirado por ahí. Nunca he comprendido el gusto de los humanos por esas piedras brillantes y esos aros dorados. Pero la cajita me queda bien.

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