martes, 17 de noviembre de 2015

El grito - Julia Pateiro, María Elena Lorenzin & Patricio G. Bazán


El guarda y los empleados de seguridad de la terminal lo conocen. Saben que es inofensivo. Que llega una vez por semana, que espera a que todos los pasajeros abandonen el vagón y que, una vez solo, cumple con lo que ellos llaman “el rito”. Saben que luego saldrá al andén, cruzará un saludo afable con alguno de ellos, y buscará el siguiente tren que regrese por la misma vía que llegó el que lo trajo.
Hoy es el día. Se ubica en el mismo asiento de siempre. Quién sabe cómo habría reaccionado si hubiera estado ocupado. Recuesta porfiadamente su portafolio contra la ventanilla sin importarle la incomodidad de sus vecinos. Viste con pulcritud: traje y corbata. Y luce cansado. Mira hacia afuera, y se estremece al ver en la lejanía una bandada. El cielo, plomizo, se ha congelado en su mirada. Como en una película en blanco y negro, ve pasar los pájaros uno a uno. No podría alcanzarlos. “Rápido, pequeños; sálvense todos”, reza.
Una angustia vieja de siglos le corroe las entrañas como una marea ácida. Nadie registra sus ojos desesperados. Siente avanzar la ola, y tiembla.
Estación Terminal. Nadie a la vista. Entonces, la corriente incontenible de rabia y dolor escapa de su garganta en un grito que parte la noche en dos, un recién nacido rebelándose inútilmente contra un universo incomprensible.
Silencio. Luego, lentamente, busca el tren que lo devuelva a su infierno semanal.


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