viernes, 13 de noviembre de 2015

Como dios – Claudia Isabel Lonfat, Coralito Calvi & Patricio G. Bazán


Hay gente que cree que puede manipular todos los hilos, que las personas que los rodean deben pensar, sentir, vivir, según su criterio; su estrecha lógica se centra en controlar al otro. Esta gente ha desarrollado argumentos rimbombantes, y falaces, para apoderarse de esas mentes y colonizarlas con una vorágine de palabras atrapantes, creíbles. Pero no se engañen, son solo construcciones erróneas que parecen lógicas, meros sofismas de una escuela decadente.
Eloy era de los que mantienen esa clase de debates interminables; su objetivo era ganar cualquier discusión. Era, además, buen proveedor de la familia, lo que parecía avalarlo durante sus constantes manipulaciones. Todos le ocultaban datos y acontecimientos para librarse un poco de sus sentencias, pero el hombre, omnipresente, emitía sus juicios de continuo, y decidía cualquier asunto con convicción, sin dar lugar a discusiones: así que, sin saberlo, cada elemento disponible era usado para su conveniencia material en pro de controlar a sus víctimas. 
Pero había una rebelde, una nuera que se rebelaba, respetuosamente aunque sin tregua, ante tal despliegue de poder; y pese a esto, Eloy la quería. Tal vez, inconscientemente, necesitaba y agradecía la aparición de un antagonista.
Como una niña aprendiendo a caminar, la mujer ganó seguridad con cada discusión. El resto de la familia, grises satélites de carne, orbitaba alrededor de los polemistas, fantaseando con escapar del sistema.
Eloy se fue a dormir una tarde lluviosa, tras perder una discusión con su nuera. Nunca despertó. De los pocos parientes en el funeral, solo ella vistió luto.
Desde entonces, nadie discutió que la nuera ocupase la cabecera de la mesa.

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