jueves, 24 de marzo de 2016

La naranja – Héctor Ranea, Javier López & Sergio Gaut vel Hartman


El barman preparaba un Old Fashioned. Preocupado porque no encontraba las naranjas, fue a la cocina y pidió al menos una. El jefe Xinga le dijo:
—Si encuentra una le regalo un sueldo, joven.
Eso lo descorazonó.
—¿Qué pasa, escasez de naranjas? —preguntó.
—Ojalá fuera eso —respondió Carlos, el mozo de lavado—. Me temo que estamos hablando de invasión, ¿no es cierto, jefe Xinga?
—Las naranjas las están llevando los estelares. La UN les dio prioridad a ellos, pibe.
—Ya pasó con las patas de chancho en el 2034 —dijo Carlos, una especie de erudito no reconocido por el registro Julliard de Genios y Precoces—; y con los marlos en 2047.
—Mucho peor —acotó el jefe Xinga— fue lo que ocurrió en Kirilema.
—¿Qué ocurrió en Kirilema? —dijo el barman, muy cerca del espanto.
—Hace unos veinticinco siglos, yo era pequeño, llegaron unos vagabundos espaciales del sector Prumitao y arrasaron con los genitales de todos los machos kirilemos.
El barman captó un guiño cómplice entre Carlos y Xinga. Le estaban tomando el pelo, así que decidió contraatacar.
—¡Limones! —dijo mientras pasaba a Lucy, la nueva camarera, cuya camisa parecía tener vida propia.
—¡Limones! —exclamó el jefe con los ojos saliéndose de sus órbitas.
—Tengo su teléfono, si lo quiere…
—¿Qué pides? —preguntó.
—Una naranja.
Distraído, le pasó una que tenía escondida. El barman consiguió su paga. Y Xinga una cita con Lucy, que para colmo era un travestido.


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