miércoles, 16 de marzo de 2016

El percance del teniente Ramos - Daniel Alcoba, Patricio Bazán & Héctor Ranea



Al teniente de la US-Navy, Georges Ramos Heredía, miembro de la fuerza de intervención rápida de la OTAN en la guerra de Egipto, al final del primer cuarto del siglo XXI acababan de asignarle una aeronave Phantom Fire de desembarco, muda e invisible. Tras estrenarse en los arrabales de El Cairo, intentando vaciar la vejiga urgente, un speedy lagarto le arrancó la genitalidad de un mordisco tan pronto como la sacó de la bragueta; expuso al aire ardiente del desierto su muñón sangriento como gesto de desafío y se propuso recuperar su virilidad a cualquier precio, al grito de “¡Vení para acá, lagarto!”.
La Luna iluminó las dos siluetas que seguían corriendo, sin saber quién perseguía a quién. Dos soles y tres lunas más tarde, Ramos recuperó lo que quedaba de su apéndice, más preocupado por la mengua en su imagen castrense que por la reinserción quirúrgica. Se lamentaba imaginando qué cara pondrían sus superiores, y qué dirían sus subordinados. En un bar de la calle Al-Azhar le indicaron un pasadizo por el que accedía a la universidad abandonada, donde un cirujano de aspecto poco confiable le aseguró éxito. A él se entregó. Satisfecho con el resultado, Ramos siguió orgulloso bombardeando a diestra y siniestra, pero cada vez que apretaba los gatillos de sus armas, del pene la voz del cirujano le conminaba a dejar de hacerlo. Se convirtió en mercader de cardamomo junto al viejo cirujano Maimonides, el grande.

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