lunes, 1 de febrero de 2016

Inversiones - Omar Chapi, María Brandt & Martín Renard



En la mañana, Gregorio despertó con náuseas, boca arriba, tendido en una superficie desconocida. Aterrorizado, quiso mover sus antenas para guiarse y estas no respondieron. El peso del cuerpo era terrible, la cabeza miraba hacia el sitio equivocado. Se estremeció al notar que no tenía patas. De pronto, entre sollozos, sintió que lo metían en una funda, lo bajaban al parqueadero y lo arrojaban en una fría camilla.
—Estoy vivo —intentó gritar, pero era inútil, las palabras, los gestos, los movimientos lo habían abandonado. Ajeno a esos ruidos tan humanos, en la oscuridad, se aquietó. La morguera marchaba, dejando atrás a esa familia envuelta en llanto. Ni un funeral, un adiós, ¿nada? Se sentía indigno, pero ¿qué podía hacer? Entró en un estado de letargo.
Después la luz, y una voz dulcemente aterradora:
—Nunca vi un ejemplar de tu clase —anunció la joven. Recordó cómo era el proceso de disecación de escarabajos y quiso avisarle, gritarle con toda su voz, que todavía vivía, que todavía sentía, pero solo era capaz de emitir unos gorjeos viscosos y horribles a los oídos.
El bisturí brilló, resplandeciente e ineludible en las manos de la joven, antes de hundirse en su caparazón. Creyó que el dolor lo mataría cuando el escalpelo trazó una Y en su tristísimo cuerpo. Pero en verdad, fue una sola y reparadora maniobra. El viento lo abrazó y sus nuevas alas se movieron en busca del cielo.

Acerca de los autores:
María Brandt

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