sábado, 13 de febrero de 2016

El contrabando - Luciano Doti, Rolando José di Lorenzo & Ada Inés Lerner



Anclaron en la bahía para dejar mercadería en tubos de vidrio opaco que había comprado un importador. La carga iba en un gran refrigerador que tenía el barco de bandera sují, capitán ruso y navegantes de diversas procedencias. Los tripulantes no supieron de qué se trataba hasta el momento de descargar, pero esa ignorancia no los salvaba de ser cómplices según la policía local. Al saberlo algunos se refugiaron en la selva. El capitán no aceptó responsabilidad alguna y el seguro negó el pago.
Ese no era el mejor país para quebrantar la ley de contrabando. El gobierno, a cargo de un autócrata, trataba esos asuntos con mano de hierro. Inmediatamente se ordenó que un grupo de tareas de la policía saliera en busca de los fugitivos. La selva se convirtió en el teatro de operaciones de una persecución de características cinematográficas. Mientras, en el puerto, tanto la nave como la controvertida carga eran custodiadas por otro grupo de la misma policía.
Dentro de los tubo, se encendió una luz azulada y los vidrios comenzaron a estallar saliendo de ellos unas larvas azules que se retorcían por la bodega. Crecieron hasta ser del tamaño de los policías, convirtiéndose en seres voladores; estos, al verlas corrieron desesperados pero igualmente fueron devorados. Las criaturas volaron hasta el bosque arrasando con todo ser vivo. Se trataba de una manga de langostas gigantes experimental, adquiridas al estado líder del mundo por un estúpido importador que creyó que se haría rico con una nueva droga.


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