viernes, 16 de octubre de 2015

Súbita ira - Carlos Enrique Saldívar, Diego Alejandro Majluff & Alejandro Bentivoglio


No soy una persona sensible, pero hay algunas cosas que me alteran, ciertas actitudes. Quizá por eso no tengo amigos, pareja o una familia; la soledad me deprime, pero ¿acaso es culpa mía? Me altera, por ejemplo, el hecho de que se rían de mí; cuando aquello ocurre, se produce una electricidad en mi cuerpo, la cual me enloquece y me impele a agredir a la persona que me acompaña. Esta noche he excedido mi furia, he matado a Carolina de una patada, de una descarga eléctrica. Juro que no he querido cometer tal atrocidad. Ruego comprensión, y compasión, para éste sujeto impulsivo, excéntrico y desgraciadamente –en los últimos tiempos– enamorado. ¿Serán los seres víctimas del amor capaces de perdonarme? Porque mi corazón, poderoso generador eléctrico, mantenía viva la luz de la pasión. Bella Carolina, perdona mi arrebato. Querido pueblo que me viste nacer, detrás de las rejas no puedo abastecer de energía a vuestros hogares. Piadosa policía, sin mujer qué puedo hacer. Tampoco es mi culpa que vayan a colgar a otro porque yo tengo influencias en todo el pueblo y nadie se atreva a hacer nada contra mí. ¿Pueden tener misericordia de mí? Ni siquiera seré culpable cuando me sienta arrebatado por la pena y vaya al cementerio a profanar el cadáver de mi amada. Porque eso es el amor. ¿O acaso son tan descorazonados? Qué es la descomposición y la tierra, sino una sensibilidad que ahora nace.

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