miércoles, 28 de octubre de 2015

Agraciada - Begoña Borgoña, Héctor Ranea & Javier López


Mirándola detenidamente, no era tan fea como me habían dicho. Eleonora Glubber tenía la cabeza sobre los hombros, eso sí, ligeramente ladeada; los ojos donde corresponden, aunque algo caídos y con una falta notable de brillo; las orejas a ambos lados de la cara —el que fueran grandes y puntiagudas la afeaban sensiblemente, pero no por eso dejaban de ser orejas—; la boca bajo la nariz, apenas visible porque ésta la cubría, con su tamaño exagerado y un remate ganchudo.
¡Ah!, pero su pelo, eso era otra cosa, fue lo que me motivó a mirarla con otros ojos. Era tan atrayente ese manojo inmenso, brillante y sedoso que brotaba como un manantial interminable de sus axilas y combinaba a la perfección, cual si teñido se encontrara, con el que salía de su nariz (revuelto graciosamente con su bigote) y con el de su pubis, y ello me hacía sentirme atraído sin remedio hacia su cabeza ovoide pelona por completo.
La elegí sin hesitar. Las promesas de su excitante pelambre, las aventuras en esa hermosa cascada violeta y añil, pudieron más que el posible encanto o vanidad de su cabeza desangelada. Lancé mi oferta con una voz que, si bien trémula, tenía la carga necesaria como para conquistar su atención por esos pocos días, antes de que pasara el de la compañía de androides para cambiarle la testa, de acuerdo a mi solicitud usando la garantía universal de cliente satisfecho.

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