sábado, 1 de agosto de 2015

Receta para macerar almas en el infierno - Laura Olivera, Daniel Frini & Sergio Gaut vel Hartman

 

Tómese un alma, de preferencia, perversa. Debe tenerse cuidado: ciertas vilezas encubren bondades que la Justicia Divina y Garantista asume como suficiencia para acortar la eternidad a unos cuántos años de Purgatorio. Un alma perversa es una joya difícil de encontrar. Sosténgala por el cuello hasta su desmayo. Antes, se habrá preparado un caldero con dos partes de agua, una de vinagre y una de alcohol de romero. Cuando se alcance el punto de ebullición, sumerja el alma elegida y coloque la tapa. Deje hervir un par de años. Para evitar que largue mal olor, escúrrala en recipiente aparte, salpique con cal y deje reposar a temperatura ambiente. No bien afloren las grietas, sostenga el alma por sus extremos y colóquela boca arriba en una placa limpia. Cocine a horno moderado durante un siglo y medio. Pinche con un palillo para comprobar que esté bien torturada (el punto es fundamental) y con espátula despegue suavemente. En una fuente honda, vierta un pocillo de sangre de nerpa del Baikal (único hábitat de este animal), dos gotas de sudor de sirena, una pizca de secreción nasal de yeti y medio kilo de excrementos de ornitorrinco nonato. Saltee hasta que el producto tome un peculiar color fucsia. Retire el componente sólido y reserve. Inyecte el líquido en los vértices del alma y cubra toda la superficie con la pasta que reservó. Espere doce años, doce meses y doce días y sírvase acompañada de papas fritas.

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