sábado, 1 de agosto de 2015

Natalia Sofonisba, la amiga perdida y la receta de crema - Soledad Cruella, Patricio Bazán & Héctor Ranea


Hablar de una amiga que se perdió es solo porque la hemos encontrado y, en este caso, aún mejor, la encontramos con la receta de crema que se había robado. Era una crema exquisita, basada en una mezcla de cardamomo, pimienta de aguaribay, hongos de madera de bosques umbríos y, claro, la crema como la preparaba tía Edelmira, la descubridora de la mezcla de especias. Durante años, Natalia Sofonisba había vendido la receta a los estudios Chaplin para sus gags. Cuando decidió apropiarse del dinero, usó argucias heredadas de tía Edelmira; revendió la crema que resultó ser Vic Vaporub, descongestivo que por un tiempo hizo que los estudios olieran a mentol y desapareció. La reencontré en La Viruta, una milonga en Baires cuando intentaba plasmar lo que definía Discépolo como un pensamiento triste que se baila. Irreconocible. Mi amiga: corto y negro el cabello a lo Virginia Luque, pasó bailando. Ya no era mi Natalita, ahora se llamaba Gricel. “¡Ni te acuerdas de mí!”, exclamé indignado. Y hoy, que vivo enloquecido por el rencor, me escabullí rumbo a la cocina del local con un plan en mente. Aplausos. Hurras. Grititos en mi bemol: Gricel había ganado el Concurso de Tango. Y entonces, cuando subió a recibir su premio, irrumpí disfrazado de camarero húngaro, estampando violentamente contra el rostro de la traidora una admirable torta de crema (receta original), arruinando su momento supremo de gloria.

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