sábado, 29 de agosto de 2015

Bífido - Héctor Ranea, Patricio Bazán & Claudia Isabel Lonfat

 

Después de una larga noche, donde los sueños se iban sucediendo uno tras otro como nunca antes, desperté sobresaltada, y en ese estado de semiconciencia desapareció todo vestigio de ellos, como si hubiese reseteado mi memoria. Fui al baño, me refresqué la cara mientras sentía que las sienes me palpitaban y una sensación extraña recorría mi cuerpo. Bostecé, me miré al espejo y vi la metamorfosis; como mi lengua se desplegaba dividida en dos y la piel había adquirido cierto verdor que un poeta francés definió como verdâtre aunque no sé bien si era ese color (nadie sabe qué color piensa otro, ni la imagen suya en el espejo).
En mis ojos reflejados vi la luz de las serpientes, sentí en la garganta (tal vez la refleja) la sed de una cobra y mis sueños volvían uno a uno en formas de humanos aterrorizados por mis colmillos tensos y mi mordida letal. Sentí el poder que en mis sueños había perdido hace tantos eones.
Pero ahora estoy completa: admiro mi nuevo cuerpo, mientras en el suelo comienza a secarse la piel de una mujer mortal. Vuelvo a encantarme frente al reflejo de mi antigua imagen: Uadyet, Hija de Anubis y esposa de Hapi-Meht. Nodriza de Horus niño, hijo de Isis, y enemiga de Seth.
Soy la diosa cobra. Represento la vida, la fertilidad y la fuerza del crecimiento. He dormido y he despertado: un nuevo mundo me espera.


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