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domingo, 9 de agosto de 2015

Los tres objetos - Stefano Valente, Franco Ricciardiello & Sergio Gaut vel Hartman

 

Un cubo, un guante, una pluma. Antiquísimos, carcomidos por los siglos. Los envuelve una fosforescencia inquietante. 
—Solo han servido a Dios —murmura el monje. El viento golpea las ramas sobre la larga y estrecha ventana con un ritmo obsesivo. 
—¿Los conocías? —pregunta Lefebvre sonriendo, mientras la emoción le hace apretar el escudo de su uniforme. 
—Exactamente —susurra el monje. Y añade—: No se ría, señor capitán: ha sido usted quien encontró los tres Elementos Eternos, para traerlos aquí, a la catedral
—No tienen ningún poder sobre mí, y tú lo sabes.
—Se equivoca. A partir del momento en que los vio ha quedado bajo su influjo. Es por eso que los ha traído, capitán, al lugar donde eran esperados.
—Tienes demasiada fe en las antiguas leyendas del mal, monje —responde Lefebvre, atento a los ruidos del exterior. De pronto la luz se torna gris, la llama de la lámpara oscila y se apaga—. Y ahora, por favor —susurra el soldado—, empecemos a pensar qué uso práctico le podemos dar a estos objetos.
El monje sonríe; sus dientes están rotos y manchados de nicotina. —Veo que nos entendemos. Se me ocurrió que podríamos montar un espectáculo en el que un ángel desciende de las alturas y nos entrega los objetos de Dios. Conozco a uno que trabaja haciendo efectos especiales para las películas.
—¡Magnífico! Yo puedo ocuparme de hacer campaña en Facebook, manipulando a los incrédulos de siempre.

Acerca de los autores:
Franco Ricciardiello
Stefano Valente
Sergio Gaut vel Hartman

miércoles, 8 de julio de 2015

Vega, ida y vuelta - Franco Ricciardiello, João Ventura & Sergio Gaut vel Hartman



Cuando la nave aterrizó en un campo de las afueras de la capital, el lugar se llenó de gente temerosa que percibía algo familiar en el aspecto del vehículo. El humo se disipó, se abrió la puerta, apareció un ser que se quitó el casco y agitó una mano.

—¡Pueblo de Vega, traigo un mensaje de paz de la Tierra!
Era mi hermano Roberto, que había partido diez años atrás en una misión interestelar.
—¡Idiota! —gritó alguien a mis espaldas—. ¡Equivocaste el rumbo y estás de regreso en la Tierra!
Enviar la astronave había costado una fortuna, por lo que todo el mundo estaba muy enojado y las autoridades tuvieron de intervenir para que Roberto no fuera linchado. El asunto fue remitido al Supremo Tribunal, que después de discutir durante un año, decidió reenviar al astronauta, pero ahora acompañado por un perro, en realidad un superperro desarrollado por ingeniería genética, lo que impediría que se comportase como un idiota y garantizaría que la misión de contacto con Vega fuera completada.
Diez años después fui testigo del segundo arribo de mi hermano. El superperro nos garantizó que el mensaje de paz había sido entregado, y que los habitantes de Vega lo habían comprendido a la perfección. La mala noticia era que los veganos estaban muy disgustados con nuestros hábitos alimentarios y que iban a desinfectar la Tierra, exterminando a los diez mil millones de seres humanos porque no soportaban la idea de que fuéramos unos asquerosos comedores de cadáveres.

Acerca de los autores:
Franco Ricciardiello
Joao Ventura
Sergio Gaut vel Hartman